Al menos así lo creen Michaël Nizard, responsable de Multi‑Asset & Overlay, y Nabil Milali, gestor de carteras Multi‑Asset & Overlay en Edmond de Rothschild AM, para quienes esta intervención es también un mensaje dirigido a China, de la cual Irán era socio, como lo fue Venezuela antes.
Con todo, los expertos consideran que, mientras la aversión al riesgo es palpable en los mercados financieros, con un nuevo descenso de los índices bursátiles, un repunte del dólar, un ensanchamiento de los diferenciales de crédito y una subida del precio del oro, los movimientos siguen siendo «relativamente limitados» dada la gravedad de los acontecimientos.
La explicación, tal y como señalan, reside sin duda en el hecho de que el crudo Brent continúa cotizando en niveles sostenibles para la economía global, en torno a 79 dólares por barril, incluso después de haberse disparado casi un 30% desde comienzos de año.
«Es probable que los precios del petróleo sigan incorporando una prima de riesgo geopolítico más elevada, ya que el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial y más de un tercio del suministro transportado por vía marítima— está gravemente perturbado por el conflicto. No son tanto los ataques a los petroleros los que generan esta disrupción, sino más bien el aumento de las primas de seguros e incluso la negativa total a asegurar barcos que se arriesguen a cruzar el estrecho».
Además, en la gestora subrayan que varias fuentes indican que las señales GPS están siendo interferidas en la zona, lo que hace que la navegación sea extremadamente difícil.
«Si esta situación se prolongara, equivaldría a un cierre de facto de la ruta marítima, aunque solo de manera temporal. El peor escenario sería que Teherán minara la zona, pero en esta fase no hay motivos para pensar que se vaya a emplear esta estrategia, dado que el propio régimen iraní depende también del estrecho para exportar su petróleo a China, uno de los pocos recursos financieros de los que aún dispone».
Así, en Edmond de Rothschild AM creen que la incertidumbre probablemente persistirá durante algún tiempo, ya que el propio Donald Trump ha sugerido que el conflicto podría prolongarse casi cuatro semanas. En cuanto a la estrategia de la gestora, en esta fase prefieren establecer un marco basado en criterios clave y un plan de inversión antes que confiar en un desenlace político, «porque este entorno geopolítico nos recuerda hasta qué punto nos movemos sobre placas tectónicas complejas y de gran magnitud en términos de impacto a medio plazo».
Con este telón de fondo ven tres posibles escenarios.
1. El escenario más temido es el del caos (20%), similar a la situación de Libia tras la caída de Gadafi. Incluso si el régimen actual colapsa, las alternativas no son evidentes y el vacío institucional podría desembocar en una guerra civil entre las distintas facciones de la sociedad iraní.
En este caso, en la firma dicen que la inestabilidad podría durar muchos años, con consecuencias significativas dada la importancia estratégica de Irán en la región. «Si surgieran milicias, tendrían una capacidad considerable para generar disrupción, ya sea perturbando de forma permanente el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz o atacando regularmente instalaciones petroleras en la región, siendo además muy difíciles de eliminar, como ilustra el caso de los rebeldes hutíes».
En este escenario, la prima de riesgo geopolítico se mantendría muy elevada y persistente en los precios del crudo, con un riesgo significativo de una nueva espiral inflacionista, lo que justificaría una cautela más prolongada respecto a los activos de riesgo y los bonos soberanos a largo plazo. «Los efectos de segunda ronda sobre la deuda privada estadounidense, vinculados al aumento del coste del capital, serían entonces motivo de preocupación, y también podrían surgir dudas en torno a las emisiones de deuda de las empresas de IA, que aumentarán significativamente en los próximos dos años para financiar su capex«.
2. El segundo escenario es el de una guerra de desgaste (50%) que se prolongaría durante varios meses antes de una desescalada iniciada por Donald Trump. «Es probable que el régimen iraní demuestre ser más resistente de lo que Estados Unidos e Israel anticipaban. La historia muestra que es extremadamente difícil derrocar a un régimen sin una intervención terrestre, algo que Trump descarta categóricamente debido al elevado riesgo de bajas humanas».
Si el conflicto se estanca, incluso si la estructura del régimen permanece en pie, Trump podría verse tentado a poner fin a las hostilidades declarando igualmente la victoria, destacando la eliminación del Líder Supremo y la destrucción de las capacidades militares de Irán. «En efecto, el presidente estadounidense no querrá arriesgarse a un nuevo repunte de los precios de la gasolina en vísperas de las elecciones de mitad de mandato y favorecerá un retorno al statu quo, con la continuación del pulso con Irán, pero a menor intensidad».
En este escenario, los precios del crudo retrocederían sin volver a los niveles previos a la crisis, lo que aun así sería suficiente para reavivar el apetito por el riesgo en los mercados financieros.
3. El escenario que finalmente esperan Estados Unidos e Israel sería el cambio de régimen (30%), ya sea hacia una transición democrática o hacia otro régimen autoritario más conciliador con Washington. En esta fase, es imposible imaginar qué forma podría adoptar, pero si Washington lograra sus objetivos, ello marcaría un punto de inflexión histórico en la región, poniendo fin a un ciclo de más de 40 años iniciado con la revolución islámica de 1979.
«Estados Unidos habría obtenido una victoria importante, al lograr aislar a Irán del resto de los países del Golfo Pérsico y consolidar aún más los Acuerdos de Abraham, con el proyecto de un arco panárabe favorable a la inversión directa».
En este escenario, podría seguir considerándose que «nos encontramos en un boom inflacionario impulsado por políticas monetarias y fiscales que continúan siendo muy acomodaticias en todas las grandes regiones (Estados Unidos, Europa, China, Japón, Reino Unido). Este escenario favorecería la búsqueda de oportunidades en renta variable y crédito, con una preferencia continuada por la rotación internacional en favor de Japón y los mercados emergentes».
ASIGNACIÓN DE ACTIVOS
En este contexto, y dada la falta de visibilidad sobre el desenlace de esta crisis, en Edmond de Rothschild AM ven adecuado ponderar cada uno de estos escenarios, lo que les lleva, por el momento, a mantener las coberturas opcionales y los CDS de crédito que han añadido a las carteras antes de la escalada de este fin de semana.
«Dada la multitud de factores de riesgo, seguimos sobreponderando los temas relacionados con la resiliencia (defensa, seguridad energética, autonomía estratégica). Por otro lado, el aumento de los precios de la energía debería traducirse en una nueva contribución positiva a la inflación, lo que planteará un nuevo desafío para los bancos centrales».
En particular, ponen el foco en la Reserva Federal (Fed), que entra en 2026 en una posición incómoda. «Aunque mantiene un tono ligeramente acomodaticio en su comunicación, con la perspectiva de bajar los tipos a lo largo del año, la realidad de los datos hace que cualquier decisión sea cada vez más delicada».
La inflación sigue siendo más persistente de lo esperado, el mercado laboral continúa sorprendentemente robusto pese a señales de desaceleración, y los choques tecnológicos y geopolíticos complican aún más las perspectivas económicas. Al mismo tiempo, la Fed vigila las tensiones en el crédito privado y los riesgos relacionados con Oriente Medio, pero por ahora no ve motivos para un cambio radical de rumbo. El repunte de los diferenciales de crédito sigue contenido en esta fase, lejos de niveles de crisis, aunque muestra una tendencia ascendente desde hace varias semanas.
«En este punto, consideramos que Kevin Warsh debería favorecer una bajada de los tipos de interés oficiales a pesar de los elevados precios del petróleo, ya que un shock petrolero prolongado actuaría como un lastre potencial sobre el consumo de los hogares y pesaría sobre el crecimiento, lo que, desde la perspectiva de la Fed, justificaría un mayor apoyo monetario para compensar este freno a la actividad», concluyen Nizard y Milali.
Source: Bolsamania.com


