«La orientación a futuro puede ayudar a acelerar la transmisión de la política, pero si no es lo suficientemente flexible, puede obstaculizarla. Y, en algunos casos, lo mejor es no utilizarla en absoluto», ha señalado Waller.
En este sentido, ha detallado que «la orientación futura puede obstaculizar la transmisión de la política monetaria si resulta demasiado firme o rígida».
«Un ejemplo de ello es la orientación que el FOMC adoptó en septiembre de 2020, cuando señaló que el inicio del ciclo de subidas de tipos desde el límite inferior efectivo se produciría una vez que las condiciones fueran coherentes con el máximo empleo y la inflación hubiera alcanzado el 2% y estuviera en camino de superar moderadamente el 2% durante algún tiempo», ha precisado.
Según su criterio, «la orientación futura también plantea problemas cuando los responsables de la política monetaria se enfrentan a escenarios económicos potencialmente distintos, cada uno de ellos con una probabilidad significativa de materializarse y que requeriría una trayectoria de actuación diferente».
«No basta con calcular una media ponderada de estos escenarios para establecer un escenario base y utilizarlo como referencia para la orientación futura«, ha concluido.
Source: Bolsamania.com


