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El mercado de deuda lanza una advertencia a las bolsas: "Se acabó el dinero gratis"

Es la valoración de José Manuel Marín Cebrián, fundador de Fortuna SFP, quien afirma que «para la bolsa la ecuación se complica, porque cuanto más renta un bono soberano más tiene que ofrecer la renta variable para compensar el riesgo, y cuanto más lejanos son los beneficios de una compañía, menos valen hoy».

De hecho, el experto destaca que «todas las curvas largas se están moviendo a la vez y eso no es un episodio técnico del mercado de deuda». El Tesoro estadounidense a 30 años superó este martes el 5,33%, máximo de diecinueve años. El Bund alemán a diez años está en el 3,25%, máximos desde marzo de 2011. El japonés roza el 3%, algo inédito en treinta años. «El español cerró en el 3,71%, pegado a máximos de 52 semanas pese a que nuestra fotografía fiscal ha mejorado, con la deuda en el 100,2% del PIB y un déficit que cerró 2025 en el 2,4%. España paga más aunque haga los deberes, porque el precio del dinero se fija fuera».

La explicación, como señalan desde la firma, está en el volumen de deuda que hay que colocar en el mercado. «Estados Unidos va camino de los 40 billones de dólares de deuda con un déficit del 5,8% del PIB, y la Comisión Europea avisa de que el de la zona euro se ensancha hasta el 3,6% en 2027. La novedad es que los Estados ya no compiten solos por ese ahorro«.

Amazon, Alphabet, Microsoft, Meta y Oracle cerrarán 2026 emitiendo unos 250.000 millones de dólares en bonos y 2027 en 400.000 millones, según Goldman Sachs, para financiar la inteligencia artificial. En Europa el rearme se llevó más de 380.000 millones de euros en 2025. «Ahí está el talón de Aquiles del sector tecnológico», remarca Marín Cebrián.

LAS TECNOLÓGICAS, LAS MÁS VULNERABLES

Con la tasa de interés de referencia o tasa de descuento elevándose, los valores de crecimiento, entre ellos los tecnológicos, suelen sufrir en bolsa, ya que sus valoraciones, que descuentan fuertes crecimientos futuros de los beneficios, se ven penalizadas.

«Durante meses, Wall Street ha tratado con entusiasmo el desarrollo de la IA como el gran motor de crecimiento estadounidense. El gasto de capital aumenta, la productividad le sigue, las ganancias suben y el múltiplo se ajusta por sí solo. Una historia idílica. El problema es que la máquina aún necesita financiación, y la financiación de repente se está volviendo lo suficientemente cara como para ser un factor importante», subraya Stephen Innes, gestor de SPI Asset Management.

Es más, las grandes tecnológicas son cada vez más vulnerables al panorama macroeconómico global y, más concretamente, a los tipos de interés.

«Los últimos informes trimestrales mostraron que el flujo de caja libre de estas empresas se desplomó debido al enorme gasto en IA durante el segundo trimestre, lo que las hace más sensibles a los costes de financiación, ya que siguen invirtiendo en infraestructura de IA. Si bien esta tendencia no es nueva, los últimos informes del segundo trimestre la confirmaron, y podría limitar el interés cuando los rendimientos suben, como ocurre actualmente», comenta Ipek Ozkardeskaya, analista sénior de Swissquote.

Ahí es donde el mercado empieza a «dar vueltas en círculo», asegura Innes. «La IA ha sido uno de los principales motivos por los que los inversores han estado dispuestos a pagar precios elevados por un crecimiento a largo plazo».

Sin embargo, el dinero necesario para desarrollar la IA ahora compite con los gobiernos por el capital, y «el creciente coste de ese capital está empezando a repercutir directamente en la valoración de las empresas que lideran este auge».

Por eso, el largo plazo deja de ser un ruido de fondo para convertirse en un cambio de régimen estructural. «Si el endeudamiento soberano, la financiación de la IA, el gasto en defensa, la demografía y la seguridad energética siguen compitiendo por el mismo capital a largo plazo, podríamos enfrentarnos a varios años, quizás incluso a casi una década, de rendimientos a largo plazo estructuralmente más elevados», enfatizan desde SPI Asset Management.

Pero el peligro no reside en que la IA deje de funcionar repentinamente ni en que la economía estadounidense se desplome mañana por la mañana. «El peligro radica en que el coste de mantener toda la infraestructura siga aumentando mientras el mercado se comporta como si el dinero fuera barato y la energía fuera problema de otros», agrega Innes.

LA FED Y SU PAPEL «CRUCIAL»

Y es que, aunque existen numerosas razones detrás de las causas que han disparado las rentabilidades de los bonos, la última reunión de la Reserva Federal (Fed) emerge como el principal catalizador de este movimiento, ya que la falta de orientación prospectiva y la incertidumbre sobre la trayectoria de la política monetaria bajo la dirección de Kevin Warsh han llevado a una desanclaje de las expectativas.

«A pesar de la división a favor de la línea dura en el FOMC, con tres miembros votando a favor de una subida, el mercado interpreta la falta de orientación prospectiva como una señal de una postura expansiva, lo que, junto con la guerra, los riesgos fiscales y la preocupación por una mayor emisión de bonos, está elevando las primas a plazo», expresa Neil Wilson, estratega de inversiones de Saxo.

En este sentido, cree que si el aumento en los rendimientos de los bonos gubernamentales se mantiene, podría comenzar a representar una amenaza para las valoraciones de las acciones y «complicar aún más la situación para las naciones y los responsables políticos profundamente endeudados».

«La Fed tiene un papel crucial que desempeñar para contener este movimiento; si bien no espero que Warsh comience a ofrecer orientación prospectiva en Jackson Hole, la reunión de septiembre cobra cada vez más importancia. Será cada vez más difícil para el organismo volver a anclar las expectativas de inflación. Si sube las tasas el próximo mes, puede recuperar credibilidad, frenar este fuerte aumento en el largo plazo y volver a anclar las expectativas», agrega.

La señal más preocupante es que los tipos largos suben mientras el mercado recorta su apuesta sobre la Fed de dos subidas a una para lo que resta de año. En Europa ocurre lo contrario, con más de un 90% de probabilidad de subida del Banco Central Europeo (BCE) en septiembre.

«El problema ya no está solo en los bancos centrales. Empujan en la misma dirección los déficits, la inflación, el Brent cerca de los 90 dólares, la factura de la IA y el rearme. Durante quince años la caída de los tipos ha empujado todos los activos hacia arriba. Si esa dinámica se invierte de forma duradera, la bolsa tendrá que aprender a subir sin su mejor aliado. Y para los valores tecnológicos más caros, la factura puede ser especialmente alta», concluye Marín Cebrián.


Source: Bolsamania.com

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