Según James Norton, responsable de Retirement y Managed Services para Vanguard Europa, este proceso suele implicar vender parte de los activos que han subido de valor y destinar ese capital a comprar aquellos que han tenido un desempeño más débil, de modo que la combinación de inversiones vuelva a alinearse con la estrategia inicial.
IMPORTANCIA DE COMBINAR ACCIONES Y BONOS
Numerosos estudios han demostrado que la asignación de activos es uno de los factores que más influye en los resultados a largo plazo de una cartera. Por ello, los inversores suelen definir un objetivo de referencia, como un 60% en acciones y un 40% en bonos. La proporción adecuada dependerá de tres variables: las metas financieras, el horizonte temporal y la tolerancia al riesgo.
Quien invierte con la vista puesta en el largo plazo puede asumir una mayor exposición a la renta variable, ya que las acciones tienden a ofrecer rendimientos más elevados, aunque con mayor volatilidad. En cambio, quienes necesitan preservar capital a corto plazo suelen preferir una mayor presencia de bonos de alta calidad, que aportan estabilidad y protección en escenarios de caídas bursátiles.
Además, a medida que se acerca la jubilación, muchos inversores reducen su exposición a las acciones y refuerzan la parte defensiva de su cartera. En última instancia, el diseño de la asignación depende también de la psicología del inversor: algunos priorizan la seguridad y buscan minimizar riesgos, mientras que otros aceptan más volatilidad a cambio de un potencial de rentabilidad superior.
¿POR QUÉ ES NECESARIO EL REBALANCEO?
Con el paso del tiempo, los diferentes activos evolucionan de forma desigual. Esto altera la estructura inicial de la cartera y puede incrementar o reducir el nivel de riesgo más allá de lo previsto.
Por ejemplo, partiendo de una cartera con un 60% en acciones y un 40% en bonos: si la renta variable sube un 10% en un año y los bonos caen un 10%, el peso cambia automáticamente a aproximadamente un 65% en acciones y un 35% en bonos. Ese desajuste implica que el inversor está asumiendo más riesgo del que había definido al inicio.
Si no se corrige, estas desviaciones pueden acumularse y alejar la cartera de la estrategia planteada. Ahí entra en juego el rebalanceo.
PROCESO DE REBALANCEO
El proceso de rebalanceo consta de varias fases:
1. Asignación inicial: la cartera se fija, por ejemplo, en un 60% en acciones y un 40% en bonos.
2. Desviación: tras un periodo de subidas de la renta variable, el peso de las acciones aumenta de forma automática, lo que genera un exceso de riesgo.
3. Reajuste: el inversor vende parte de las acciones y compra bonos para devolver la cartera a su composición original.
El mecanismo también funciona a la inversa. Si la bolsa cae y los bonos ganan peso, la cartera se vuelve más conservadora de lo planeado. En ese caso, el rebalanceo consistiría en aumentar la inversión en acciones, lo que permite mantener un nivel de riesgo adecuado y posicionarse para futuras recuperaciones.
Aunque a primera vista pueda parecer contraintuitivo invertir en activos que están bajando de valor, el objetivo es mantener el equilibrio de la cartera y evitar una exposición excesiva a un solo tipo de activo.
A largo plazo, según destaca James Norton, este hábito fomenta la disciplina, ayuda a evitar decisiones impulsivas y contribuye a obtener resultados más consistentes.
Source: Bolsamania.com


