Esta preocupación está eclipsando todo lo demás. A saber, la geopolítica y las tensiones comerciales. Dicen los expertos que el punto de inflexión fue precisamente la rebaja de calificación de Moody’s del viernes pasado, a la que ahora siguen los debates políticos en torno al plan fiscal de Trump y los recortes fiscales. Según cálculos, este plan incrementaría la deuda nacional en otros 4 billones de dólares, además de los casi 37 billones ya existentes.
LAS DUDAS DE LOS INVERSORES
Estados Unidos puede seguir endeudándose a este ritmo y a un coste relativamente bajo porque los inversores globales aún desean deuda estadounidense.
«Los bonos del Tesoro son líquidos, tradicionalmente percibidos como de bajo riesgo, y están presentes en prácticamente toda cartera bien equilibrada, incluidas las de los bancos centrales. Y cuando las cosas van mal, la Reserva Federal (Fed) interviene y compra grandes cantidades de bonos del Gobierno para calmar a los mercados. Los bonos del Tesoro son una herramienta de inversión única», explica Ipek Ozkardeskaya, analista sénior de Swissquote Bank.
La credibilidad del mercado de bonos es el verdadero pilar del relato de la excepcionalidad estadounidense
El problema actualmente, sin embargo, es que la Fed tiene una montaña de esa deuda en su balance, que está intentando reducir lentamente dejando que madure.
«Pero esa no es la principal preocupación. Lo que está cambiando es que los inversores comienzan a preguntarse si esta carga creciente de deuda de EEUU es realmente viable, y quizás más importante aún, si es tan segura como se pretende«, dice la experta.
Aquí está el punto clave: la fortaleza y credibilidad del mercado de bonos del Tesoro es el verdadero pilar del relato de la excepcionalidad estadounidense. No es Apple ni Nvidia. Es el hecho de que EEUU ha podido financiar su economía y responder a crisis gracias a este mercado de deuda sin igual. Eso es lo que ha hecho que EEUU sea tan dominante a nivel global.
«Y ese estatus especial es algo que los inversores otorgaron… y que podrían quitar«, advierte Ozkardeskaya.
EL FRACASO DE LA SUBASTA
Ayer se vieron señales claras de las dudas de los inversores cuando la subasta del bono del Tesoro a 20 años fue un fracaso. Los rendimientos alcanzaron alrededor del 5,10%, el nivel más alto desde que este vencimiento fue reintroducido en 2020. La débil demanda provocó una venta generalizada en la curva, empujando el rendimiento a 10 años al 4,60% y el del bono a 30 años nuevamente por encima del 5%.
«Fue la forma del mercado de expresar su falta de confianza en el gobierno de EEUU y en su rumbo político».
La pregunta del millón ahora es si pueden subir más los rendimientos. La experta dice que sí, y recuerda que, en 1981, el rendimiento a 10 años superaba el 15%, y el bono a 30 años ha venido cayendo desde casi el 10% en 1987.
«No espero un retorno a esos extremos, pero un movimiento sostenido por encima del 5%, especialmente si está respaldado por una inflación estructuralmente más alta, es totalmente posible. A corto plazo, incluso podríamos ver un repunte abrupto, similar al que se produjo durante la crisis del mini-presupuesto del Reino Unido bajo Liz Truss».
De cara al futuro, la trayectoria de los rendimientos estadounidenses dependerá de dos factores: las decisiones fiscales que tome EEUU — si el presupuesto es sostenible y si existe algún plan a largo plazo para controlar la deuda. Y, si los inversores globales siguen dispuestos a financiar los déficits estadounidenses, especialmente cuando la confianza también se ve afectada por el deterioro de las relaciones geopolíticas, la pérdida de entusiasmo por el dólar y la menor fe en los bonos del Tesoro como activos refugio.
Source: Bolsamania.com

