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El bono de EEUU a 10 años supera el 5% y toca máximos desde 2007: ¿qué está pasando?

El rendimiento del Treasury a diez años ha avanzado este martes más de 6 puntos básicos, hasta situarse en el 5,025%, después de haber rebasado brevemente la barrera del 5% durante la sesión del lunes.

El movimiento se extiende al resto de la curva estadounidense. La rentabilidad del bono a 30 años ha subido más de 5 puntos básicos, hasta el 5,384%, mientras que la del bono a dos años, más sensible a las expectativas sobre política monetaria, ha avanzado unos 4 puntos básicos, hasta el 4,68%.

Hay que recordar que el precio y la rentabilidad de los bonos evolucionan en sentido contrario: cuando los inversores venden deuda, su precio baja y su rendimiento aumenta.

El nuevo repunte de las rentabilidades llega precisamente cuando la Fed comienza este martes su reunión de política monetaria de dos días, cuya decisión se conocerá el miércoles. El mercado apuesta de forma prácticamente unánime por una nueva subida de tipos de 25 puntos básicos después de que la inflación de agosto continuara claramente por encima del objetivo del 2% del banco central.

Según la herramienta FedWatch de CME, los inversores asignan una probabilidad superior al 92% a ese incremento. Rabobank apunta, por su parte, que el mercado de swaps OIS descuenta ya 24,9 puntos básicos de subida, lo que equivale prácticamente a asumir que el movimiento se producirá.

EL PETRÓLEO ECHA MÁS LEÑA AL FUEGO

Pero las expectativas sobre la Fed no son el único factor detrás del castigo a los bonos. El espectacular encarecimiento del petróleo está reforzando los temores inflacionistas y aumentando la presión sobre los rendimientos de la deuda.

La conexión entre ambos mercados se ha intensificado extraordinariamente. Según datos de BMO Capital Markets reconocidos por CNBC, la correlación móvil a un mes entre el futuro más próximo del West Texas Intermediate (WTI) y la rentabilidad del Treasury a diez años ha alcanzado 0,96, muy cerca de una correlación positiva perfecta.

La lógica es sencilla: cuanto más sube el petróleo, mayores son los riesgos de inflación y mayores pueden ser también los tipos de interés que exigen los inversores para comprar deuda a largo plazo.

«En términos simples, unos precios del petróleo más altos conducen a mayores expectativas de inflación y viceversa», señala Steve Sosnick, estratega jefe de Interactive Brokers, en CNBC. En su opinión, la relación normalmente no es tan estrecha, pero los factores geopolíticos que están impulsando actualmente el crudo y la inflación global han provocado que ambas variables se muevan prácticamente de la mano.

«Mientras los precios del petróleo se mantengan firmes y sigan subiendo, esto añadirá presión sobre los tipos de interés», advierte.

Rabobank coincide en situar al petróleo en el centro del movimiento. El banco recuerda que el Treasury a diez años ya superó brevemente el 5% el lunes mientras continuaba el encarecimiento del crudo y aumentaban las apuestas por una subida de la Fed. Además, señala que la tensión física en el mercado petrolero continúa aumentando ante los problemas de suministro y las tensiones geopolíticas, un escenario que dificulta que desaparezca rápidamente la presión inflacionista procedente de la energía.

¿SUBIRÁ LA FED POR LA ECONOMÍA O POR EL MERCADO?

Stephen Innes introduce otro elemento relevante en el debate: la Fed podría encontrarse prácticamente obligada a validar unas expectativas de subida de tipos que el propio mercado ya ha llevado demasiado lejos.

Innes recoge el cambio de previsión de Goldman Sachs, que ahora espera una subida de 25 puntos básicos en septiembre, pese a que su visión sobre inflación y crecimiento apenas ha cambiado. El banco considera que mantener los tipos sin cambios cuando los inversores tienen casi completamente descontada una subida podría generar un problema de credibilidad para la Fed y provocar una reacción especialmente incómoda en el tramo largo de la curva.

Es decir, la cuestión ya no sería únicamente si la economía estadounidense necesita otra subida de tipos, sino si la Fed puede permitirse sorprender al mercado no ejecutándola.

Goldman considera, de hecho, que no existe un argumento económico especialmente contundente para endurecer de nuevo la política monetaria. La inflación subyacente está moderándose, la economía no parece sobrecalentada y una subida de tipos difícilmente puede solucionar un shock de oferta energética. Como resume el análisis recogido por Innes, unos tipos más altos no pueden reabrir el estrecho de Ormuz ni reparar infraestructuras energéticas dañadas; únicamente pueden reducir la demanda del resto de la economía.

Aun así, el coste de defraudar unas expectativas de mercado prácticamente consolidadas podría ser todavía mayor.

Goldman ha elevado además su previsión para la rentabilidad del Treasury a diez años a finales de año hasta el 4,75%, desde el 4,40% anterior, debido a que una única subida de tipos no eliminaría las preocupaciones fiscales, de oferta de deuda y de inflación que mantienen elevados los rendimientos a largo plazo.

INFLACIÓN Y DÉFICIT PREOCUPAN MÁS QUE LA FED

Ipek Ozkardeskaya, analista sénior de Swissquote, pone el foco precisamente en esta cuestión. Según una reciente encuesta de Bloomberg que cita la experta, las posibles subidas de tipos de la Fed ni siquiera constituyen la principal preocupación de los inversores en bonos.

Solo un 7% identifica unas mayores expectativas de tipos de la Fed como la principal amenaza para los Treasuries durante los próximos seis meses. Por el contrario, el 40% señala una aceleración de la inflación, mientras otro 38% apunta al aumento de la prima por plazo derivado de las preocupaciones fiscales.

Otro 16% menciona además la enorme cantidad de deuda que tendrán que emitir los grandes grupos tecnológicos para financiar las inversiones asociadas a la inteligencia artificial, unas emisiones corporativas que competirán directamente con el Tesoro estadounidense por el capital de los inversores.

Ozkardeskaya considera que la Fed se encuentra así ante una decisión especialmente complicada. Los futuros sobre los fondos federales descuentan una probabilidad superior al 93% de una subida de 25 puntos básicos, aunque recuerda que estas probabilidades reflejan las apuestas de los inversores y no una señal explícita del banco central.

La llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Fed ha complicado aún más esta lectura después de abandonar la política de forward guidance que tradicionalmente orientaba al mercado sobre los próximos movimientos de tipos.

La analista de Swissquote espera finalmente una subida de 25 puntos básicos. A su juicio, mantener los tipos sin cambios podría provocar una caída del dólar y, paradójicamente, un nuevo repunte de las rentabilidades de los bonos a largo plazo si se disparasen las expectativas de inflación.

EL 5%, UNA BARRERA CON IMPORTANTES IMPLICACIONES

La superación del 5% por el Treasury a diez años trasciende al propio mercado de deuda. Este rendimiento actúa como una de las principales referencias para determinar el coste de financiación en la economía estadounidense y condiciona desde las hipotecas y los préstamos empresariales hasta la valoración de las acciones.

Cuanto mayor es la rentabilidad que ofrece un activo considerado prácticamente libre de riesgo como la deuda estadounidense, más exigentes tienden a ser los inversores con las valoraciones bursátiles, especialmente en aquellas compañías cuyo precio depende en gran medida de beneficios esperados a muchos años vista.

Por eso, el comportamiento del Treasury se ha convertido en uno de los principales focos para las bolsas justo cuando Wall Street afronta simultáneamente la escalada del petróleo, nuevas dudas sobre las elevadas valoraciones vinculadas a la inteligencia artificial y una reunión de la Fed cuyo resultado el mercado parece haber decidido de antemano.


Source: Bolsamania.com

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