La debilidad del euro se produce después de que el diferencial entre los bonos franceses y alemanes a diez años se disparara la semana pasada hasta niveles no vistos desde la crisis de deuda europea. El deterioro de la confianza en Francia, ante las dudas sobre la capacidad del país para reconducir sus cuentas públicas, ha elevado la prima de riesgo exigida por los inversores y está trasladando la presión desde la deuda hacia la divisa.
Danske Bank destaca este lunes que Francia «sigue muy en el foco y mantiene la presión sobre el euro», después de que el diferencial de rentabilidad entre Francia y Alemania alcanzara el viernes su nivel más alto desde 2011. El banco señala que el dólar se fortalece esta mañana tanto frente al euro como frente al yen y que el cruce euro/dólar ha caído por debajo de 1,12.
La entidad danesa considera, además, que los diferenciales de deuda europeos continuarán siendo uno de los principales focos del mercado esta semana. En ausencia de una agenda especialmente cargada de datos en los próximos días, la atención seguirá centrada en los acontecimientos geopolíticos y, especialmente, en los mercados europeos de deuda.
«NADIE QUIERE NAVEGAR EN EUROS»
Más contundente se muestra Ipek Ozkardeskaya, analista sénior de Swissquote, quien vincula directamente la depreciación de la moneda única con el fuerte repunte de las primas de riesgo soberanas.
La experta recuerda que el diferencial entre los bonos franceses y alemanes a diez años superó la semana pasada los 150 puntos básicos, máximos desde la crisis del euro de 2011-2012. «El ensanchamiento del diferencial está pesando notablemente sobre el euro», explica.
El EUR/USD ha caído por debajo de 1,12, hasta mínimos de 17 meses, pero la debilidad no se limita al dólar. Según Swissquote, el euro también está perdiendo terreno de forma significativa frente a la libra y el franco suizo, mientras el mercado de opciones muestra que los inversores están pagando una prima elevada para protegerse frente a nuevas caídas de la moneda europea.
Ozkardeskaya lo resume gráficamente: «Nadie quiere navegar en euros cuando se levanta el viento».
El problema, advierte, es que unas rentabilidades más elevadas de la deuda francesa no serán suficientes por sí solas para atraer de nuevo a los inversores si continúa deteriorándose la confianza en la capacidad del país para ordenar sus finanzas públicas. Además, el propio aumento de los costes de financiación complica progresivamente esa tarea, ya que obliga a destinar más recursos al servicio de la deuda.
A ello se suma la incertidumbre política. Para Swissquote, solo un acuerdo fiscal convincente podría devolver la calma a Francia y al conjunto de los mercados europeos, mientras que una parálisis política prolongada podría mantener bajo presión tanto al euro como a las bolsas de la región.
EL RIESGO DE CONTAGIO
La gran cuestión ahora es si las tensiones permanecen concentradas en Francia o comienzan a extenderse al resto de la zona euro. Ozkardeskaya señala que los diferenciales de Italia, España, Portugal y Grecia frente a Alemania también están aumentando, aunque permanecen muy lejos de los niveles registrados durante la crisis de deuda de 2010-2012. Por ahora, considera que estos movimientos reflejan un estrés limitado, pero advierte de que un ensanchamiento significativo indicaría que los inversores están empezando a reevaluar el riesgo europeo en su conjunto y no únicamente el francés.
Esta semana ofrecerá algunas pistas. Francia subasta deuda a corto plazo este lunes, Austria acudirá al mercado el martes y Alemania colocará bonos a siete años el miércoles. Estas operaciones permitirán comprobar si la demanda sigue siendo sólida fuera de Francia o si el nerviosismo empieza a extenderse.
Morgan Stanley también advierte de que Francia ha vuelto al radar de los mercados y de que el movimiento de los diferenciales está llevando de nuevo a los inversores a pensar en el riesgo de fragmentación soberana en Europa. El banco destaca que el mercado está empezando a cuestionar la credibilidad de la trayectoria fiscal francesa y que, una vez iniciado ese proceso, la propia prima de riesgo se convierte en una señal de desconfianza.
No obstante, Morgan Stanley considera que algunos de los movimientos comienzan a ser excesivos. Sus analistas creen que Italia, por ejemplo, está siendo arrastrada por las tensiones de una forma difícil de justificar por sus fundamentales. El problema para el Banco Central Europeo (BCE) es que la inflación tampoco le deja demasiado margen para actuar: la inflación de la eurozona repuntó al 3,8% en septiembre, lo que complica cualquier respuesta destinada a aliviar la presión en los mercados de deuda.
¿PUEDE INTERVENIR EL BCE?
Swissquote recuerda que el BCE dispone del Instrumento para la Protección de la Transmisión (TPI), diseñado para permitir compras de deuda cuando se producen movimientos injustificados y desordenados que amenazan la correcta transmisión de la política monetaria. Sin embargo, no existe un nivel concreto de diferencial que active automáticamente una intervención. El BCE tiene en cuenta factores como la disciplina fiscal, la sostenibilidad de la deuda y las políticas económicas del país afectado.
Esto resulta especialmente relevante en el caso francés: si el mercado concluye que las ventas de deuda responden a un deterioro de los fundamentales fiscales y no a movimientos injustificados, una intervención del BCE sería más difícil de justificar.
Para Swissquote, la situación actual puede calificarse todavía como un «shock de confianza que está empeorando», más que como una nueva crisis del euro. La diferencia dependerá fundamentalmente de dos factores: que las tensiones se contagien o no a otros países y la respuesta que den los responsables políticos.
Source: Bolsamania.com


