La cuestión que empieza a plantearse cada vez con más contundencia el mercado es cuánto tiempo más pueden convivir unas valoraciones bursátiles elevadas con tipos de interés cada vez más altos, petróleo por encima de los 100 dólares y un coste de financiación que no deja de aumentar. Neil Wilson, estratega de Saxo UK, advierte de que la escalada de las rentabilidades «está causando mucho daño bajo la superficie», mientras que Ray Dalio, fundador de Bridgewater Associates, considera que el colchón que hasta ahora ha permitido a las acciones resistir la subida de los bonos se está reduciendo.
Los focos abiertos son cada vez más y, además, están peligrosamente relacionados entre sí.
PETRÓLEO: LA GEOPOLÍTICA ENCIENDE LA INFLACIÓN
El primer frente es el petróleo. El Brent y el West Texas han volado en las últimas horas ante las informaciones de que Estados Unidos estaría preparando una posible escalada militar contra Irán. Según recoge Wilson, el Pentágono habría pedido al Mando Central estadounidense que complete los preparativos para una eventual reanudación de operaciones militares a gran escala, aunque el presidente de EEUU, Donald Trump, todavía no habría adoptado una decisión definitiva.
El problema no es únicamente energético. Como bien saben, una subida sostenida del crudo vuelve engorda las expectativas de inflación, dificulta la tarea de los bancos centrales y erosiona el poder adquisitivo de familias y empresas.
ING considera precisamente que la inflación continúa siendo «la mayor incógnita» para la evolución de los tipos y cree que los mercados y los bancos centrales necesitarán más datos antes de ganar confianza sobre su trayectoria. Por ello, espera que la volatilidad de los tipos se mantenga elevada durante los próximos meses.
Y el petróleo complica especialmente la situación europea. XTB destaca que las subidas energéticas no solo impulsan la inflación, sino que también pueden deteriorar las cuentas públicas de los países que tratan de amortiguar el impacto sobre los consumidores mediante ayudas.
BONOS: EL MERCADO QUE YA NO DA TREGUA
El segundo gran foco está en la deuda soberana. La rentabilidad del Treasury estadounidense a diez años ha llegado a marcar un máximo de 24 años por encima del 5,36%, mientras las curvas de deuda de las principales economías desarrolladas siguen tensionándose.
Bank of America subraya que el movimiento tiene un importante componente global. Su análisis muestra que un factor común explica aproximadamente el 90% de los movimientos registrados en las curvas de deuda de entre cinco y 30 años de las principales economías desarrolladas durante los últimos tres meses. Es decir, no estamos ante episodios aislados, sino ante una venta generalizada de bonos.
La firma resume el dilema de la Fed de forma especialmente gráfica: si los datos estadounidenses siguen mostrando fortaleza, el banco central tendrá que mantener una política monetaria dura o arriesgarse a que el mercado exija rentabilidades todavía mayores a la deuda a largo plazo.
La subasta estadounidense de deuda a diez años celebrada esta semana ha mostrado que sigue habiendo compradores, pero también que el Tesoro debe pagar mucho más para atraerlos. Estados Unidos colocó 39.000 millones de dólares al 5,30%, la mayor rentabilidad en una subasta de este plazo desde 2000. XTB subraya que hay demanda, pero a un precio cada vez más elevado.
Dalio cree además que la venta de bonos todavía tiene recorrido. «Estamos en un mercado bajista de bonos y creo que queda más», señaló este jueves a CNBC, porque gobiernos y empresas compiten cada vez más por un capital que resulta más caro.
INFLACIÓN: EL PROBLEMA QUE UNE TODO LO DEMÁS
Petróleo, bonos e inflación forman en realidad una misma cadena. Un crudo más caro presiona los precios. Una inflación más persistente obliga a los bancos centrales a mantener tipos elevados o incluso subirlos. Y unos tipos más altos aumentan el coste de financiación de Estados y empresas, haciendo que los inversores exijan mayores rentabilidades a la deuda.
Las últimas actas de la Reserva Federal ya muestran una institución claramente inclinada hacia una nueva subida de tipos antes de final de año, aunque los últimos datos pueden hacer que no tenga que precipitarse en octubre. En paralelo, las expectativas de inflación a un año de los consumidores estadounidenses han aumentado hasta el 3,9% desde el 3,6%, según recuerda XTB.
El riesgo para la bolsa es evidente: cuanto más atractivo resulta un bono que ofrece rentabilidades superiores al 5%, más exigentes tienen que ser las perspectivas de beneficios de las acciones para justificar sus valoraciones.
Dalio considera que ese margen se está estrechando. Hasta ahora, el crecimiento de los beneficios ha permitido que las acciones absorbieran el repunte de los tipos. Pero advierte de que esa ventaja está disminuyendo y pide mirar no solo al beneficio empresarial, sino también al flujo de caja libre, que espera que se deteriore incluso aunque los resultados sigan aumentando.
FRANCIA: EL PROBLEMA EUROPEO MÁS URGENTE
Y dentro de Europa hay un foco que sobresale por encima del resto: Francia. El diferencial entre la deuda francesa y la alemana ha vuelto al entorno de los 140 puntos básicos, mientras la rentabilidad del bono francés a diez años se mueve cerca del 5%. La combinación de déficit elevado, inestabilidad política y necesidad de seguir financiando un volumen creciente de deuda ha convertido al país en el epicentro de la tensión europea.
Pero lo verdaderamente preocupante no es únicamente Francia, sino la posibilidad de contagio. Goldman Sachs destaca que durante meses el mercado pudo tratar el deterioro francés como un problema específico del país. La situación cambió cuando las ventas comenzaron a extenderse a Italia, Grecia y otros mercados soberanos. A partir de ese momento, la cuestión dejó de ser si Francia tenía un problema para convertirse en si ese problema podía transformarse en un riesgo europeo.
La conclusión es especialmente relevante: el euro y los activos europeos reaccionan mucho más cuando el estrés se convierte en común al conjunto de la eurozona que cuando permanece concentrado en un solo país.
ING llega a una conclusión parecida desde el mercado de deuda. La elevada volatilidad global de los tipos está manteniendo bajo presión los diferenciales de los bonos europeos y el esfuerzo político, por sí solo, difícilmente será suficiente para devolverlos a los niveles anteriores.
BANCOS: CUANDO EL RIESGO SOBERANO SALTA AL SISTEMA FINANCIERO
El siguiente eslabón son los bancos europeos, que ya están acusando la presión. El Euro Stoxx Banks llegó a caer alrededor de un 4% el miércoles y entidades como Société Générale y Deutsche Bank registraron descensos superiores al 5%. La conexión es conocida: cuando aumenta la desconfianza sobre un Estado, pueden sufrir también las entidades que mantienen su deuda o que se financian bajo la influencia de ese riesgo soberano.
El problema no se limita a las pérdidas en las carteras de bonos. El aumento de las primas de riesgo puede encarecer la financiación de los propios bancos, reducir la confianza y endurecer el crédito para familias y empresas. Si eso termina debilitando la economía, aumenta además el riesgo de morosidad y empeora todavía más la situación fiscal.
Por ahora, los expertos insisten en que la situación dista mucho de la crisis de deuda de la eurozona de la década pasada. Los bancos están mejor capitalizados y el Banco Central Europeo (BCE) dispone de herramientas que entonces no existían. Pero los inversores observan de cerca hasta dónde está dispuesto a llegar el banco central si la tensión francesa continúa extendiéndose.
IA: EL DIQUE QUE SOSTIENE A LAS BOLSAS… Y TAMBIÉN PARTE DEL PROBLEMA
Frente a todos estos frentes hay un factor que continúa sosteniendo los mercados: la inteligencia artificial (IA). Las grandes tecnológicas han conseguido que Wall Street resista mucho mejor que Europa. XTB señala que el Russell 2000 ha quedado por detrás del Nasdaq 100 en 17 de las últimas 20 sesiones y que el S&P 500 equiponderado también pierde terreno frente al índice tradicional. En otras palabras: los índices aguantan, pero cada vez gracias a menos compañías.
La duda es si la tecnología podrá seguir contrarrestando indefinidamente el resto de fuerzas. Porque la IA también necesita financiación. Las enormes inversiones en centros de datos, chips, energía e infraestructuras obligan a las compañías a acudir al mercado de deuda precisamente cuando el coste del dinero se dispara.
XTB advierte de que la carrera de la IA puede impulsar el crecimiento empresarial y, simultáneamente, elevar los costes y las necesidades de financiación. Y Dalio pone el foco exactamente ahí: unos beneficios crecientes no bastan si las empresas tienen que reinvertir cantidades cada vez mayores y el flujo de caja empieza a deteriorarse.
Ese es probablemente el gran interrogante que tendrán que resolver los mercados en las próximas semanas. La tecnología todavía sostiene los índices, pero el petróleo, los bonos, la inflación, Francia y la banca están aumentando simultáneamente la presión. Las bolsas siguen fuertes. Wall Street sigue batiendo récords. Pero las sesiones de caídas son cada vez más agresivas, la amplitud del mercado se deteriora y el coste del capital no deja de crecer. Por ahora, la tecnología sigue actuando como principal contrapeso. Pero si ese dique empieza a ceder, los distintos frentes abiertos podrían terminar confluyendo en esa tormenta perfecta que el mercado empieza ya a temer.
Source: Bolsamania.com

