Y es que el IPC de septiembre ha repuntado tres décimas, hasta el 3,7%, cifra que supera las previsiones del mercado, que esperaba que se situara en el 3,6%. En cuanto a la variable subyacente, que excluye la energía y los alimentos no elaborados, tampoco se han cumplido los pronósticos. En concreto, se ha ubicado en el 2,6%, dos décimas más que en el mes anterior y una por encima de lo previsto por el consenso.
«Los bonos del Tesoro son el epicentro de la reacción, con rendimientos que se disparan en toda la curva a medida que los operadores de bonos reducen sus apuestas a la baja y anticipan una Fed que tal vez deba hacer una pausa en lugar de acelerar su política monetaria expansiva«, valora Artem Bakushev, jefe de riesgos de Monaxa.
De hecho, este analista remarca que «la inflación simplemente se negó a seguir el guion de flexibilización monetaria». «Los inversores se apresuran a reajustar una narrativa que ha dado un vuelco de la noche a la mañana: de ‘la inflación está controlada, se avecinan recortes’ a ‘quizás esta lucha no ha terminado’. Este reajuste es brutal precisamente porque el posicionamiento se había inclinado fuertemente en la dirección opuesta».
Por su parte, para George Brown, economista sénior de Schroders, «aunque los precios de la energía puedan estar acaparando los titulares, el dato de IPC de EEUU conocido hoy sugiere que el problema de la inflación es mucho más profundo. Una lectura de la inflación subyacente superior a lo esperado se suma a las crecientes pruebas de que las presiones sobre los precios internos se están afianzando, en lugar de remitir».
«Los mercados tienen motivos para considerar que la política monetaria tendrá que volverse mucho más restrictiva para que la inflación vuelva al nivel objetivo. La pregunta es si la Fed está preparada para endurecer la política monetaria tanto como al nivel que exigen las perspectivas de inflación», ha añadido.
Source: Bolsamania.com



