Para Michael Hartnett, estratega de Bank of America, ese esfuerzo tiene una consecuencia clara para el inversor: refuerza el atractivo de las materias primas y de los activos capaces de actuar como cobertura frente a la pérdida de valor del dinero.
La recomendación del estratega es directa: “sigan largos en materias primas y en coberturas frente a la devaluación, como el oro”. Pero conviene precisar qué significa exactamente esa frase. BofA no establece en su informe un precio objetivo para el metal amarillo ni niveles concretos de entrada o salida. La idea es de asignación de activos, no una operación táctica con un objetivo cerrado.
LAS TRES LÍNEAS ROJAS DEL MERCADO
Hartnett identifica tres niveles que funcionan como auténticas líneas rojas para la Administración estadounidense: gasolina a 4 dólares por galón, dólar/yen en 160 y una rentabilidad del Treasury a diez años en el 5%.
BofA considera que alcanzar esos niveles puede forzar respuestas a través del mercado de divisas, recompras de bonos o política monetaria. El estratega sostiene que esa reacción de política económica está funcionando y menciona como ejemplo el fuerte movimiento del yen.
Así, la lectura es especialmente relevante porque BofA considera que un fuerte repunte de las rentabilidades de los bonos constituye la principal amenaza para el gasto de capital ligado a la inteligencia artificial y para el ‘boom’ de consumo en forma de K.
En otras palabras, el enemigo de los activos de riesgo no tiene por qué proceder necesariamente de un deterioro empresarial. También puede ser un coste del dinero demasiado elevado.
ORO SÍ, PERO SIN PRECIO OBJETIVO
La apuesta por el oro debe entenderse, por tanto, como una cobertura estratégica. BofA no dice en este informe cuánto puede subir ni fija un objetivo para final de año. Hartnett lo utiliza como ejemplo de activo con el que protegerse frente a un escenario caracterizado por el exceso fiscal, la expansión nominal y las políticas de ‘whatever it takes’.
Los flujos muestran, en cualquier caso, un creciente interés por este segmento. Los fondos de metales preciosos acumulan nueve semanas consecutivas de entradas y captaron otros 3.200 millones de dólares en la última semana analizada.
Hay además un elemento relevante desde el punto de vista del posicionamiento. Según la tabla de BofA, el oro cotiza un 3,4% por debajo de su media móvil de 200 sesiones. El dato no equivale por sí mismo a una señal técnica de compra, pero sí permite distinguir la posición del metal precioso de la de otras materias primas que ya han protagonizado fuertes avances.
NO TODAS LAS MATERIAS PRIMAS SON IGUALES
Y ahí aparece una de las claves para trasladar la recomendación de Hartnett a la óptica de un inversor: estar largo en materias primas no significa que todas ofrezcan el mismo punto de entrada.
La dispersión dentro del mercado es enorme. La clasificación de BofA sitúa al conjunto de las ‘commodities’ con una subida del 72,1% en 2026. Dentro de este universo, el WTI acumula un 58,5% y el Brent un 57,2%, mientras el cobre avanza un 14,9%. En el extremo contrario, el mineral de hierro retrocede un 7,9%, la plata pierde un 8,3% y el platino cae un 13,3%.
Las diferencias frente a las medias móviles de 200 sesiones hacen todavía más visible esa divergencia. El WTI cotiza un 15,1% por encima de esa referencia y el Brent un 13,8%, mientras el oro se encuentra un 3,4% por debajo, la plata un 11% y el platino un 9,7%.
Para un inversor, el mensaje es nítido: BofA no está diciendo que todas las materias primas ofrezcan el mismo punto de entrada. El petróleo llega mucho más extendido frente a su tendencia de largo plazo, mientras el oro y otros metales aparecen bastante más rezagados.
Eso tampoco significa que BofA esté recomendando comprar estos últimos por encontrarse por debajo de sus medias. El informe no establece niveles de entrada ni selecciona instrumentos concretos para ejecutar la estrategia. Lo que ofrece Hartnett es una preferencia de inversión y una lectura del régimen de mercado, no una cesta cerrada de operaciones.
ACTIVOS REALES FRENTE AL EXCESO FISCAL
Por tanto, el argumento descansa sobre una visión más estructural. Hartnett describe la década de 2020 como una etapa de populismo político y exceso fiscal, en la que tanto la derecha como la izquierda tienen incentivos para gastar con el objetivo de mantener el respaldo electoral.
El banco recuerda que el PIB nominal estadounidense ha aumentado un 63% en seis años, desde 20 hasta 32 billones de dólares. De ahí nace una de las expresiones más contundentes del informe: ‘Anything But Bonds’, “cualquier cosa menos bonos”, como marco estratégico de asignación de activos.
Sin embargo, esto no implica que BofA descarte completamente la renta fija. Y aquí aparece una de las paradojas más interesantes de la estrategia de Hartnett.
LOS BONOS, UNA OPORTUNIDAD TÁCTICA
De hecho, el estratega también observa una oportunidad táctica en unos Treasuries extraordinariamente castigados. Los bonos estadounidenses a más de 15 años presentan una rentabilidad anualizada a diez años del -2%, que BofA califica como la peor de los últimos 100 años.
El banco considera que una caída de las rentabilidades durante el cuarto trimestre puede ofrecer una buena operación ‘contrarian’. Y algunos inversores ya parecen estar tomando posiciones: los Treasuries acumulan diez semanas consecutivas de entradas, con otros 6.200 millones de dólares en la última.
No existe necesariamente una contradicción entre ambas estrategias. Una cosa es considerar que el exceso fiscal favorece estructuralmente las materias primas y las coberturas frente a la devaluación monetaria; otra, aprovechar tácticamente el enorme castigo acumulado por la deuda pública estadounidense.
QUÉ PUEDE EXTRAER UN INVERSOR DE ESTA ESTRATEGIA
El mensaje de BofA no consiste, por tanto, en perseguir el activo que más sube. La tesis es proteger la cartera ante un escenario en el que las autoridades vuelvan a intervenir para impedir que unos tipos de interés demasiado elevados descarrilen la economía y los mercados.
En ese contexto, Hartnett mantiene su preferencia por materias primas y coberturas frente a la devaluación monetaria, con el oro como uno de sus ejemplos. Pero el punto de partida importa: el petróleo ya acumula fuertes ganancias y cotiza claramente por encima de su media de 200 sesiones, mientras el oro y otros metales se encuentran rezagados respecto a sus respectivas tendencias.
La fotografía final es, así, menos simple que un “compre oro”. BofA plantea una preferencia por materias primas y coberturas frente a la devaluación monetaria, pero los datos del propio informe muestran puntos de partida muy dispares dentro de ese universo.
Para un inversor, ahí está probablemente la parte más interesante de la estrategia: no se trata únicamente de decidir qué activo puede beneficiarse del nuevo régimen de mercado, sino de valorar cuánto de esa oportunidad ha descontado ya su precio.
Source: Bolsamania.com


