«Estamos de acuerdo con el mercado en que existe cierta probabilidad de que se produzca una flexibilización adicional, con el fin de proteger la proyección del 2% ‘en el objetivo’ para 2027, pero vemos más posibilidades de que el ciclo de recortes ya haya concluido con el tipo de interés oficial actual del 2%», valora Konstantin Veit, gestor de carteras de Pimco.
Una opinión compartida por Cristina Gavín, jefa de renta fija y gestora de fondos de Ibercaja Gestión, para quien «aunque tanto la demanda como la inversión en el entorno europeo están dando ciertas muestras de debilidad, damos por hecho que la pausa en el proceso de bajada de tipos que vimos en julio no solo va a continuar en la reunión de septiembre sino que se va a prolongar de cara a fin de año«.
Con todo, otra rebaja a finales de este año es una probabilidad nada desdeñable. Al menos así lo cree Annalisa Piazza, analista de investigación de renta fija de MFS Investment Management, sobre todo si el crecimiento sorprende a la baja en el segundo semestre de 2025, provocado por el aumento de la presión de la incertidumbre comercial, que podría traducirse en una reducción de las inversiones y un patrón de gasto más cauteloso.
«Seguimos viendo algunos indicios de que se produzca otro recorte en diciembre. Aunque el crecimiento del PIB pueda superar ligeramente los niveles potenciales, el Consejo de Gobierno del BCE podría plantearse otro recorte de tipos si la inflación avanza hacia su objetivo, el crecimiento salarial se estabiliza y persisten los riesgos a la baja a medio plazo», afirma Piazza.
No obstante, reconoce que «los últimos acontecimientos han reducido en cierta medida la probabilidad de que este escenario se ajuste a la hipótesis de referencia del BCE, tal y como se indica en sus previsiones de junio».
Y es que, a pesar de que la inflación de la eurozona ha repuntado una décima en agosto, hasta el 2,1%, según la estimación preliminar publicada por Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea (UE), el dato está en línea con el objetivo del BCE.
«El panorama macroeconómico parece ligeramente menos lento de lo previsto anteriormente (a pesar del débil PIB del segundo trimestre en algunas economías de la zona euro) y la inflación a medio plazo apunta a estabilizarse en el 2%», subraya Piazza.
De hecho, y según recuerda Gavín, «Lagarde, en sus declaraciones en el pasado Jackson Hole se mostró optimista al hablar de un aterrizaje suave de la economía europea, apoyada por un mercado laboral fuerte y el efecto que la relajación en las condiciones de política monetaria están teniendo sobre Europa».
Es más, la presidenta Christine Lagarde ha admitido que «estamos en una buena posición». Unas palabras que para Veit significan que «no hay motivos para que el BCE ajuste su política en este momento, con la inflación en el objetivo, el crecimiento en torno a la tendencia y el DFR en el punto medio de un rango neutral».
UN BCE ‘DATA-DEPENDIENTE’
Por todo ello, las decisiones del BCE seguirán siendo ‘data-dependientes’. «Tras la reunión de septiembre, sospechamos que la dependencia en los datos seguirá siendo el factor clave para las decisiones de política monetaria, con la pequeña salvedad de que los tipos de interés oficiales son ahora más ‘neutros’ que antes, lo que hace que las trabas para nuevas rebajas sean relativamente altas», comenta Piazza.
En este sentido, las nuevas proyecciones de crecimiento para los próximos años que el organismo dé a conocer este jueves, serán un indicativo a tener en cuenta sobre lo que esperar en política monetaria.
«Las nuevas proyecciones del personal incorporarán el acuerdo comercial entre la UE y EEUU y, según el BCE, dicho acuerdo establece un arancel medio efectivo estimado entre el 12% y el 16% para las importaciones estadounidenses de productos de la zona del euro. Si bien la incertidumbre en materia de política comercial ha disminuido como resultado del acuerdo, persiste la incertidumbre residual sobre los aranceles, y es poco probable que desaparezca por completo bajo la actual administración estadounidense», subraya Veit.
Cabe destacar que las proyecciones del BCE de junio preveían un crecimiento medio del 0,9% en 2025, del 1,1% en 2026 y del 1,3% en 2027, y esperaban que la inflación general se situara en una media del 2,0% en 2025, del 1,6% en 2026 y del 2,0% en 2027.
«En general, creemos que el riesgo para las perspectivas de inflación a medio plazo sigue estando ampliamente equilibrado. Pensamos que el BCE querrá preservar el margen de maniobra de la política convencional y tratará de minimizar el riesgo de tener que dar marcha atrás poco después de haber alcanzado la tasa terminal», agregan en Pimco.
Además, en la gestora consideran que su evaluación de la estrategia para 2025 proporciona al BCE un margen de maniobra adicional, lo que sugiere una «tolerancia algo mayor a desviaciones modestas de la inflación» con respecto al objetivo en cualquier dirección, siempre que las expectativas de inflación se mantengan ancladas.
«En cualquier caso, los datos de precios que hemos conocido en las últimas semanas justificarían el mantenimiento en el tipo de intervención. La inflación subyacente se sitúa por encima del objetivo (2,3%) y existen señales al alza en las expectativas de precios apoyadas por un efecto base en la parte de energía de cara a los próximos meses», enfatiza Gavín.
Con este telón de fondo, «los mercados descuentan actualmente una probabilidad limitada de que se produzca otro recorte en los próximos nueve meses aproximadamente. Dado que es probable que el BCE comience a subir los tipos a finales de 2026 o principios de 2027, los precios en el extremo corto de la curva parecen justos», concluye Piazza.
Source: Bolsamania.com


